Nueva generación de casas de campo

Nueva generación de casas de campo

¿Quién puede construir una casa soñada?
¡En arquitectura minimalista, menos es más!
El proyecto arquitectónico desarrolla y perfecciona las ideas del cliente

Entrevista a:
Arq. Rodolfo Francisco Peña Murguía
Director de GPro, Gabinete de Proyectos. Miembro del Colegio de Arquitectos de la Ciudad de Hermosillo, (CACH), A.C.

La casa de campo es un espacio habitable en un área rural o simplemente alejado de la ciudad, donde ésta se relaciona sobremanera con su alrededor, con la naturaleza que tiene en el sitio, explicó el Arq. Rodolfo Francisco Peña Murguía, Director de GPro, Gabinete de Proyectos. Miembro del Colegio de Arquitectos de la Ciudad de Hermosillo, (CACH), A.C.

“Es decir, una casa de campo no tiene los privilegios de una casa en la ciudad en cuanto a infraestructura como drenaje, muchas veces el agua o la luz, pero tiene otros privilegios como las vistas de la naturaleza y los espacios con mayores dimensiones; no tenemos tantas limitantes. A diferencia de una casa en la ciudad, la casa de campo es un área con otras actividades”, agregó.

Cuando el cliente quiere una casa de campo, primeramente se le hace entrevista para ver cuáles son sus necesidades y cuáles serán sus actividades, expuso el arquitecto. Si el cliente va ir únicamente los fines de semana, si irá solo o con sus hijos, si va a tener invitados, si tendrá algún evento social como una boda o bautizo, entonces hay que agrandar el patio central, etc.

En base a eso se empieza a diseñar, porque una casa de campo puede ser para una pareja o para una familia grande incluyendo papás, tíos, primos, entonces las actividades cambian y la distribución y el diseño de la casa se debe adecuar a esas necesidades, aclaró. También hay casas de campo, sobre todo en Sonora, para los cazadores y en este caso debe tener una funcionalidad más en el sentido de un hotel donde haya más áreas comunes y espacios privados, indicó.

Peña Murguía expuso que a la hora de construir una casa de campo, hay elementos de la naturaleza que se aprovechan y hay otros que limitan; son dos puntos diferentes. Previo a empezar a diseñar se tiene que hacer un levantamiento del terreno, la topografía, la vegetación: las especies de árboles y ver con qué infraestructura se cuenta para en base a eso partir hacia el diseño.

“Los elementos que se aprovechan son la vegetación: los árboles nativos del sitio que se van a respetar, o podemos tener cactus o madrigueras inclusive de animales que se respetan debemos nosotros adecuar el diseño de lo que tenemos en el sitio. Y los limitantes pueden ser los puntos de riesgo como arroyos, rodamientos de piedra, laderas. “Nosotros aprovechamos lo que hay pero también respetamos y nos protegemos del sitio”, subrayó.

Lo más elemental de una casa de campo es la cocina, de ahí se parte para que sea habitable, después la recámara y por supuesto servicios básicos como agua, luz y drenaje. Por lo general en estos sitios nunca hay drenaje, por lo que se tiene que poner un biodigestor, es decir, un sistema prefabricado para recibir aguas negras de la misma casa. Otra opción es que sea el mismo arquitecto quien construya este biodigestor, expresó.

En cuanto a la luz puede ser por medio de energía eléctrica, muchos ranchos sí hay pero cuando está demasiado alejado se pone una planta de luz que puede ser de diesel. Ahora bien, el tiempo de construcción de una casa de campo depende del tamaño y de los acabados. Por ejemplo en la Hacienda La Pitahaya, ubicada en la carretera entre los poblados San Pedro y Ures, obra a cargo de GPro tardaron un año partiendo de cero ya que sólo había un cerro.

Es una casa de mil metros cuadrados de construcción con acabados de primera, resistentes a la intemperie, a la humedad, tiene cantera, teja, detalles en moldura, y tiene muchas plataformas de niveles de terraplenes. El eje rector del diseño es una pitahaya, de ahí el nombre de la hacienda. La entrada principal está forrada con piedra, es el mismo acabado que se tiene en el cerro.

“Lo que queríamos lograr ahí es que la nueva construcción se adaptara al sitio, que fuera parte de los alrededores, que no sea un edificio que esté peleando con la naturaleza, que quiera ser protagonista sino que se adapte al espacio donde se esté creando. Estuvimos trabajando un año sin parar, se entregó en septiembre de 2017 y estamos muy contentos porque el cliente quedó muy satisfecho con este trabajo”, concluyó el arquitecto Rodolfo Francisco Peña Murguía.

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