La supervisión debe ser un proceso facilitador

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Entrevista a:
Lic. en Administración César Guadalupe Larios Velarde
Administrador General de Proveedor del Herrero del Noroeste, S.A. de C.V.

La supervisión es un proceso permanente que todo ejecutivo debe realizar en la empresa fundamentalmente con el propósito de que se cumplan los objetivos y las metas de la organización, cuyos departamentos deben tener claro qué se espera de ellos y estar en comunicación frecuente; por lo regular incluye una evaluación cada determinado tiempo para dar seguimiento a lo que se está realizando, consideró el Licenciado en Administración César Guadalupe Larios Velarde.

El Administrador General de Proveedor del Herrero del Noroeste, S.A. de C.V., con más de 35 años de experiencia, 17 de ellos en esta empresa de origen familiar, explicó que la estructura orgánica del Proveedor cuenta con un Director General, un Administrador General, Gerentes funcionales y Gerentes operativos, cada cual con autoridad formal para ejercer la supervisión en distintos niveles.

Sin embargo, los procesos de las diferentes áreas están interrelacionados y dependen unas de otras para el cumplimiento de sus metas, motivo por el cual es recomendable no esperar a que lleguen los tiempos de evaluación establecidos sino estar al pendiente, en el día a día, de las circunstancias que podrían impedirles realizar lo que se les pidió, dijo.

El Administrador debe estar seguro de que los departamentos de Ventas, Compras, Inventarios y Crédito entendieron adecuadamente lo que se espera de ellos para que haya fluidez en los procesos. “Si en la mañana no tengo el reporte de la posición de tesorería de bancos, sé que alguna área está fallando. Es importante tenerlo porque me permite determinar el pago a proveedores; y si se programan estos pagos, el de Compras podrá hacer los pedidos que le requieren en Ventas”, ejemplificó.

Es una cadena y se necesita fluidez y armonía entre sus funciones para que haya resultados. Es un proceso permanente de supervisión que impide dejar cabos sueltos en la empresa porque no se tiene que esperar a la evaluación programada para decir que algo está fallando, la comunicación debe fluir con el fin de poder tomar decisiones a tiempo, reiteró.

En el Proveedor del Herrero, una empresa de 180 empleados, existen siete puestos ejecutivos especializados por áreas funcionales y ocho ejecutivos responsables de sucursales. En estos niveles, el empleado menos antiguo ha trabajado al menos cuatro años en la empresa, donde el 60% de su planta de trabajadores tiene entre 5 y 30 años de antigüedad. Ellos permanecen porque tienen muy claros sus objetivos y metas; porque se les capacita para lograrlos y se les da seguimiento, afirmó Larios Velarde.

“Lo típico es un presupuesto de ventas. Se establecen las metas para cada sucursal, las cuales contribuyen a la meta global. Aunque se determinan periodos de evaluación, estar atentos a las tendencias permite hacer ajustes, puede ser en los precios, las estrategias de crédito o la existencia de inventario. Se conjunta una serie de interrelaciones funcionales que exigen una supervisión prácticamente a diario para establecer indicadores de medición”, externó.
Dijo que el ejecutivo tiene que motivar a su gente y buscar una sana competencia en el entendido de que cuando un departamento logra sus metas ayuda a otro a cumplir sus funciones y también a alcanzar sus objetivos.

En este sentido, la supervisión no debe ser fiscalizadora sino que debe ayudar para establecer incentivos adicionales que empujen al logro de metas. En la filosofía del Proveedor del Herrero, los trabajadores deben sentirse parte de una gran familia, enfatizó, por eso, en una reunión de control de inventarios los dueños están presentes, trabajando hombro a hombro, para propiciar un sentimiento de empatía entre los empleados y no la idea de que hay desconfianza.

También se les garantiza un porcentaje de su ingreso pero se les da la oportunidad de recibir una mayor cantidad de dinero de acuerdo a su productividad y la empresa realiza reuniones de convivencia, sobre todo con las sucursales que están logrando sus metas.

Los propietarios del Proveedor del Herrero crearon un modelo que han ido perfeccionando a través de los años porque se dieron cuenta que involucrar al empleado y ayudarlo a que su productividad le genere beneficios económicos lo hace más eficiente y cuida mejor sus herramientas de trabajo, comentó. “A mí, la experiencia me ha dicho que empleados motivados y que se sientan identificados con la empresa van a ser mucho más productivos y requieren menos supervisión fiscalizadora”.

En el Proveedor del Herrero no existe el puesto de supervisor. La supervisión es central porque cada nivel responde ante alguien, pero es horizontal y vertical a la vez debido a que de ellos depende otra estructura. Hay una cadena de mando en la que se va traslapando la motivación y los indicadores de evaluación, explicó.

Se busca que los directivos tengan no sólo la autoridad sino el liderazgo en sus áreas para que sus empleados los tomen como modelos. Líderes democráticos que dejan trabajar a las personas y les permiten expresar sus posibilidades de hacer algo mejor, pero sin dejar de coachearlos, lo que propicia confianza y credibilidad entre los trabajadores.

La supervisión entendida como la aplicación de medidas disciplinarias y fiscalizadoras no da buenos resultados, concluyó el Administrador General.

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