El seguro es una inversión y no un gasto

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Entrevista a:
Licenciado Homero Monreal González
Director Nacional de Membresía de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas, A.C.
Prever el retiro a tiempo contribuye al bienestar personal y familiar. Una manera de hacerlo es a través de los seguros de retiro que se pueden adquirir en las compañías de seguros, una cultura que poco a poco va permeando en la idiosincrasia mexicana, consideró el Licenciado Homero Monreal González.

El Director Nacional de Membresía de la Asociación Mexicana de Agentes de Seguros y Fianzas, A.C. (AMASFAC) dijo que para la protección y retiro siempre es mejor un seguro debido a que los métodos de pensión han venido a menos y sólo ofrecen entre el 30 y 35% de su último sueldo a los jubilados; y porque al tener el dinero en el banco se corre el riesgo de utilizarlo en otras necesidades y quedar en el desamparo para la vejez.

“El seguro es una inversión y no un gasto. La persona invierte una pequeña cantidad y siempre va a recibir mucho más”, afirmó.

La importancia de contratar un seguro radica en que se transfieren los riesgos. Por ejemplo, con un seguro de vida, si el asegurado fallece, la familia o los dependientes económicos podrán mantener su nivel de bienestar. O con el seguro de retiro, si la persona sobrevive a cierta edad, tendrá los recursos suficientes para continuar con los mismos niveles de confort, explicó.

El profesional en seguros recomienda que a partir de los 25 o 30 años las personas compren una póliza que pueden adquirir con pequeñas cantidades, el 10 o 15% de sus ingresos, para garantizar una jubilación digna que puede complementar su sistema actual de pensión.

Hay dos formas de comprar seguro de retiro, explicó. Con una estrategia adecuada, un empresario o profesionista de alto nivel puede deducir de impuestos hasta 300 mil pesos al año. Pero también existen opciones que no son deducibles de impuestos y responden a la decisión de la gente de destinar una parte de sus ingresos actuales para tener una jubilación digna.

Es decir, puede ser a manera de ahorro, donde regularmente la persona entrega una cantidad que a los 65 años –o en caso de fallecimiento- se le devolverá lo que haya acumulado, más intereses; y como protección y ahorro, que le proporciona montos más altos porque está comprando una póliza, más el ahorro.

En México persiste una baja cultura de los seguros. Es uno de los países más grandes de América Latina y líder económico, pero tiene el primer lugar en baja cultura del seguro, “lo que se refleja en números muy tristes”, lamentó.

Por ejemplo, en el ramo de seguros para autos sólo está asegurado el 30%; es decir, únicamente tres de cada diez vehículos. En el ramo de casa habitación, siete de cada cien inmuebles tienen seguro, pero la mayoría son por la garantía que ofrece el crédito hipotecario.

En el seguro de gastos médicos la situación es más triste, agregó, porque apenas cuatro de cien personas lo tienen. En cuanto a seguros de vida, la Población Económicamente Activa (PEA) en el país está conformada por unos 65 millones de mexicanos, de los cuales 35% son jóvenes y otro 25% ya está en edad de jubilación; es decir, son aproximadamente 55 millones de personas económicamente productivas, de las cuales sólo el 15% tiene seguro de vida.

Monreal González consideró que esta pobre cultura respecto a los seguros se debe, en primera instancia, al desconocimiento y no a su costo. Por ejemplo, un seguro de vida para una persona de 40 años puede rondar los mil pesos al año –lo que generalmente desconoce la población- por una póliza de 200 mil pesos. Y si la cantidad asegurada es más alta, y por lo tanto el costo del seguro también, existen planes flexibles que se venden por módulos y se pueden pagar de manera fraccionada.

El costo no es motivo para quedarse sin un seguro, reiteró.

“En los momentos más difíciles es cuando más se necesita un seguro. Incluso las personas de menor ingreso, si tienen un auto, deberían contar cuando menos con un seguro de vida y uno de daños a terceros, precisamente para estar protegidas ante circunstancias adversas. Si la gente está esperando a tener solvencia económica, a la mejor la abundancia financiera nunca llega y sí puede enfermar, incluso dejar esta vida, por el estrés”, advirtió.

El Director Nacional de Membresía de la AMASFAC recomendó acudir con profesionales de los seguros, cerciorarse de que tengan cédula de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas y de preferencia que estén agremiados, lo cual es garantía de que poseen una certificación que avala su profesionalismo.

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